En toda clase hay un alumno que estudia horas y suspende igual. No por capacidad, ni por pereza: por CÓMO estudia. Este cuestionario mide exactamente eso —planificación, tiempo, ambiente, técnica, motivación, exámenes y autorregulación— y lo convierte en algo sobre lo que se puede trabajar.
El CHEE-49 (Cuestionario de Hábitos y Estrategias de Estudio) es un autoinforme de 49 frases que se responden en una escala de frecuencia de cinco puntos, de Nunca a Siempre. No es un examen ni tiene respuestas correctas: describe cómo trabaja un alumno y devuelve esa descripción en un formato que el tutor puede usar.
Catorce de las 49 frases están redactadas al revés —«Empiezo a estudiar sin saber qué tengo que hacer»— y se puntúan de forma invertida. No es una trampa: es lo que impide que un alumno marque la misma columna de arriba abajo y obtenga un perfil halagüeño que no significa nada.
Viene incorporado en la plataforma, traducido a nueve idiomas y gratuito con cualquier cuenta. No hay nada que imprimir, nada que corregir a mano y nada que teclear después en una hoja de cálculo.
Pulsa en cualquier imagen para verla a tamaño completo.
Las 49 frases no son una lista: son siete bloques de siete. Siete en cada uno, exactamente, para que todas las dimensiones pesen lo mismo en el índice global y las barras del perfil se puedan comparar sin corregir nada.
Decidir qué se va a estudiar, en qué orden y con cuánta antelación: uso de agenda, reparto del temario en varios días y previsión del tiempo que exige cada tarea.
Regularidad y aprovechamiento real del tiempo de estudio: rutina estable, entrada en tarea sin dilaciones, descansos planificados, repaso semanal y resistencia a la procrastinación.
Condiciones del lugar donde se estudia: espacio fijo y ordenado, material preparado de antemano y control de los distractores, muy en particular los digitales.
Cómo se estudia realmente: explorar antes de leer, seleccionar lo esencial, reelaborar con palabras propias y comprobar lo aprendido sin mirar, frente a la relectura y la repetición memorística, que son las técnicas de menor rendimiento demostrado.
Por qué y con cuánta persistencia se estudia: orientación al aprendizaje más allá del aprobado, metas propias, insistencia ante la dificultad, confianza en el propio esfuerzo y a qué se atribuyen los resultados.
Preparación y afrontamiento de las pruebas: antelación, autoevaluación previa, conocimiento del formato, reparto del tiempo durante el examen, revisión antes de entregar y control de la ansiedad.
Capacidad de dirigir el propio aprendizaje: darse cuenta de si se está entendiendo, pedir ayuda, comprobar los objetivos de cada sesión, cambiar de método cuando no funciona y aprender de los errores corregidos.
En pantalla las preguntas no aparecen agrupadas por bloques: van intercaladas, una de cada dimensión por turno. Siete preguntas seguidas sobre organizar el tiempo invitan a responder todo el bloque igual, que es justo lo que hay que evitar.
Los mismos 49 ítems están redactados tres veces, para tres edades. La estructura no cambia nunca —mismas dimensiones, misma numeración, mismos ítems invertidos—, de modo que las puntuaciones siguen siendo comparables; lo que cambia es la redacción, porque un niño de diez años y un universitario no hablan del estudio con las mismas palabras.
Versión con frases cortas y vocabulario escolar («deberes», «temas»). Pensada para 4.º, 5.º y 6.º de Primaria; en 4.º conviene leerla en voz alta con el grupo. Por debajo de los 9 años el autoinforme pierde fiabilidad y no compensa aplicarlo.
Versión de referencia, para Educación Secundaria y Bachillerato. Habla de asignaturas, temario y fechas de entrega, y da por supuesto que el alumnado organiza su estudio fuera del aula.
Versión con registro académico superior: trabajo autónomo, cuatrimestres, tutorías, bibliografía y convocatorias. Pensada para estudios universitarios y de formación superior.
El cuestionario ya está escrito, probado y traducido: no tienes que preparar ni una sola pregunta. Desde tu cuenta, todo el proceso son cuatro pasos.
Desde tu cuenta, un clic crea una aplicación del cuestionario. Tú solo eliges la versión —Primaria, Secundaria o Universidad— y la plataforma escribe por ti las 49 preguntas, ya traducidas. Cada aplicación es independiente, así que puedes repetirlo más adelante en el curso sin sobrescribir el primero.
Asígnalo a uno de tus grupos de clase. La plataforma te da un código de acceso para el grupo y congela la lista de alumnos en cuanto empieza el primero.
Los alumnos no necesitan cuenta, ni correo, ni contraseña: escriben el código, eligen su nombre y responden a 49 frases en una escala de cinco puntos, de Nunca a Siempre. Les lleva de 15 a 20 minutos y no hay respuestas correctas ni incorrectas.
El informe está listo en cuanto llegan las respuestas: el perfil del grupo, un perfil individual de cada alumno, las preguntas que más le cuestan a la clase y la lista de alumnos que requieren atención. No hay colas ni caché, así que una corrección en la puntuación se ve la próxima vez que lo abres.
Cada dimensión acaba en un índice de 0 a 100, y cada índice cae en una de cuatro bandas. Las bandas son CRITERIALES, no percentiles: responden a «¿tiene este alumno este hábito o no?», que es la pregunta que se hace un tutor de verdad, y no a «¿estudia mejor o peor que sus compañeros?», que es otra distinta y mucho menos útil en octubre.
El hábito no está instaurado. No sirve de nada sugerir matices: aquí toca sentarse con el alumno y construir la rutina desde cero.
El hábito aparece de forma irregular, casi siempre la semana antes de un examen. Necesita pautas concretas y alguien que haga seguimiento unas semanas.
El hábito está establecido, con margen de mejora en aspectos concretos. Merece un consejo puntual, no una intervención completa.
Sólido. Es en lo que hay que apoyarse para levantar lo demás: un alumno que planifica bien puede llevar esa misma planificación a las dimensiones que van por detrás.
Del GRUPO: el perfil medio de las siete dimensiones, cuántos alumnos hay en cada nivel de cada una, las diez frases que peor puntúa la clase —que son, en la práctica, el guion de la próxima sesión de tutoría— y la lista de alumnos que requieren atención.
De cada ALUMNO: su perfil de siete barras, su índice global, un párrafo que explica qué dice cada dimensión en el nivel que ha alcanzado y consejos concretos para las dimensiones que lo necesitan. No se dan consejos de los hábitos ya consolidados: un informe que reparte recomendaciones para todo se convierte en un muro de texto que nadie lee.
Un alumno entra en la lista de atención por cualquiera de tres motivos, y el segundo es el interesante: un índice global por debajo de 40, o tres dimensiones en nivel Inicial aunque el índice global aguante, o un cuestionario tan incompleto que no permite calcular ningún perfil. El segundo caso es el alumno que «va aprobando» y al que la media le está tapando un problema real.
Este es el informe de un alumno de ese grupo —ficticio, como todo lo de esta página—. Su índice global es 46: nada que encienda ninguna alarma. Sigue leyendo y verás lo que la media estaba tapando.
Tres de sus siete dimensiones están en nivel Inicial: no planifica, no organiza su tiempo y no prepara los exámenes. Las otras cuatro están bien, y justamente por eso su media parece aceptable.
El informe pone nombre a cada uno de esos niveles y, en los que lo necesitan, devuelve consejos concretos. Esto es lo que dice de este alumno, palabra por palabra:
Te pones a estudiar sin haber decidido antes qué vas a hacer, y eso hace que buena parte del tiempo se vaya en arrancar. No es cuestión de voluntad: sin un plan, cada sesión empieza de cero. Decidir en dos minutos qué toca hoy cambia el resto de la tarde.
Dedica dos minutos, antes de empezar, a escribir qué vas a hacer hoy y en qué orden. · Apunta todas las fechas de entrega y examen en un mismo sitio, en cuanto te las digan. · Parte los trabajos largos en trozos con fecha propia: un trabajo para dentro de tres semanas son tres tareas de esta semana. · Al planificar, calcula cuánto va a costarte cada cosa y añade un margen: casi siempre se tarda más de lo previsto.
El tiempo de estudio es irregular y se concentra en el último momento. Estudiar el día antes obliga a memorizar deprisa lo que no dio tiempo a entender, y eso se olvida en cuanto pasa el examen. Una rutina corta pero diaria rinde mucho más que una noche larga.
Elige una hora fija para estudiar, aunque sea corta, y respétala también los días flojos. · Trabaja en bloques de 25-40 minutos con descansos breves; el descanso forma parte del método. · Antes de empezar, deja el móvil en otra habitación: no basta con ponerlo boca abajo. · Reserva un rato fijo a la semana para repasar lo ya estudiado, no solo para avanzar.
Ya usas algunas estrategias útiles, pero conviven con la relectura y la memorización literal, que ocupan tiempo sin fijar casi nada. Sustituir la tercera lectura por un esquema hecho sin mirar cambia el resultado más de lo que parece.
Después de estudiar un apartado, cierra los apuntes y escribe todo lo que recuerdes; solo entonces comprueba lo que faltaba. · Convierte cada tema en 5-8 preguntas y respóndelas días después. · Sustituye la tercera lectura por un esquema hecho sin mirar. · Explica el tema en voz alta a alguien (o a la pared): donde te atasques está lo que no entiendes. · Reserva el subrayado para una segunda lectura, porque en la primera aún no sabes qué es importante.
Preparas los exámenes con muy poco margen y sin comprobar antes lo que sabes, así que llegas a la prueba sin información fiable sobre tu propio estado. Empezar tres días antes y hacerte preguntas en voz alta cambia el resultado más que estudiar más horas la víspera.
Empieza a repasar al menos tres días antes; la víspera debería ser para repasar, no para aprender. · Hazte un examen de mentira con el tiempo cronometrado. · Mira exámenes anteriores para saber cómo se pregunta. · En la prueba, lee todo antes de empezar y reparte el tiempo según lo que vale cada parte. · Deja siempre unos minutos finales para revisar.
El informe no se queda en las dimensiones: señala las frases concretas que este alumno peor ha puntuado. Eso es con lo que una sesión de tutoría puede trabajar de verdad.
El alumno no ve nada de esto salvo que el tutor decida repasarlo con él. El cuestionario es una herramienta para la conversación, no una etiqueta que repartir.
Cualquier autoinforme se puede responder sin leerlo. Fingir lo contrario es lo que vuelve inútiles estos instrumentos en la práctica, así que el informe comprueba tres cosas y avisa cuando algo no encaja; nunca descarta a un alumno en silencio.
El alumno marcó casi siempre la misma opción, sin distinguir entre preguntas. Conviene interpretar el perfil con cautela y, si es posible, contrastarlo con él.
Las respuestas se contradicen en varias parejas de preguntas opuestas. El perfil se muestra igualmente, pero podría no reflejar la conducta real del alumno.
El alumno respondió a un ritmo demasiado rápido para haber leído las preguntas. Los resultados podrían no reflejar su forma real de estudiar.
Las contradicciones se cazan con cinco parejas de frases opuestas: quien afirma que planifica cada sesión Y que empieza sin saber qué hacer no está leyendo. La velocidad se mide entre la primera respuesta y la última, y solo se usa por su cola inferior: un alumno que lo interrumpe y vuelve al día siguiente aparece como lentísimo, y eso no significa nada.
Para esto sirve de verdad el cuestionario. Una medida describe una clase; dos medidas, con el trabajo tutorial entre ellas, enseñan si ese trabajo ha cambiado algo, y esa es una respuesta que muy pocas cosas dan en educación.
Cada aplicación es una copia independiente, con sus propias preguntas y sus propias respuestas, así que repetir el cuestionario en mayo no toca el de octubre: te quedas con los dos y puedes ponerlos uno al lado del otro.
En el ejemplo de arriba, el grupo pasó de 56 a 68 de índice global y los alumnos que requerían atención bajaron de seis a uno. Las dimensiones que más se movieron son las que se habían trabajado, y no es casualidad: planificar y organizar el tiempo se enseña en unas semanas, mientras que la motivación se mueve mucho más despacio. Un instrumento honesto también tiene que enseñar eso.
Un cuestionario de hábitos de estudio dice de un menor cosas que quizá no le haya contado a nadie: que no consigue arrancar, que los exámenes lo paralizan, que abandona en cuanto se complica. Por eso los alumnos responden sin cuenta, sin correo y sin contraseña; por eso sus apellidos se guardan y se muestran solo como iniciales; por eso los datos personales de la plataforma van cifrados campo a campo; y por eso cerrar la cuenta los borra de verdad.
Todos los perfiles y todos los gráficos de esta página proceden de un grupo FICTICIO, generado a propósito para ilustrarla con el mismo código que calcula los informes reales. Ningún alumno real ha aparecido nunca en una página pública de este sitio, y ninguno aparecerá.
Leer la política de privacidad
Crear una cuenta es gratis y lleva un minuto. El cuestionario ya está ahí, en sus tres versiones: genéralo, asígnalo a tu grupo y lee el informe esa misma tarde. Si prefieres ver antes el detalle de cada pantalla, el manual de usuario explica todo el proceso paso a paso.
Crear una cuenta gratis Manual de uso