Toda clase tiene un mapa que nadie ha dibujado: a quién se elige, a quién se evita, a quién no se nombra nunca. El sociograma lo dibuja. Tus alumnos responden durante quince minutos y la plataforma hace el resto: ocho grafos, los índices del grupo y un informe de cada alumno.
Un sociograma es una fotografía de las relaciones dentro de un grupo-clase, tomada desde el único punto de vista que las conoce de verdad: el de los propios alumnos. Cada uno responde en privado, en su pantalla, a quién elegiría para una tarea, un juego o una excursión, con quién preferiría no estar y —esta es la parte que casi siempre falta— quién CREE que le ha elegido y quién cree que le ha rechazado.
Con esas respuestas la plataforma reconstruye toda la red del grupo: quién está en el centro, quién vive en el borde, qué amistades son recíprocas y cuáles van en una sola dirección, y hasta qué punto cada alumno acierta sobre cómo le ven los demás.
No es un test de personalidad ni diagnostica a nadie. Mide las RELACIONES de un grupo en un momento dado, y esas relaciones cambian: un sociograma en octubre y otro en abril cuentan dos historias distintas, y la diferencia entre ambos suele ser la información más útil del curso.
Pulsa en cualquier imagen para verla a tamaño completo.
El sociograma es un test del sistema ya escrito, probado y traducido: no tienes que preparar ni una sola pregunta. Desde tu cuenta, todo el proceso son cuatro pasos.
El Sociograma escolar está en el catálogo de tests del sistema: 25 ítems (5 elecciones, 5 rechazos, 5 conjeturas sobre quién te ha elegido y 5 sobre quién te ha rechazado, más las pantallas de instrucciones). Con un clic se copia en tu cuenta, listo para asignar. Cada aplicación que generas es una copia independiente, así que puedes volver a pasar el sociograma más adelante sin machacar el anterior.
Asigna el test a uno de tus grupos-clase. La plataforma te da un código de acceso para el grupo y congela la lista de alumnos en cuanto el primero empieza, de modo que todos respondan sobre el mismo grupo.
Los alumnos no necesitan cuenta, ni correo, ni contraseña. Abren la portada, escriben el código que les has dado, eligen su nombre de la lista y responden. Les lleva de 10 a 15 minutos, y lo que responde cada uno es privado: nadie ve quién ha elegido a quién salvo tú.
Cuando el grupo ha terminado, con un clic se construye todo: los ocho grafos, los índices del grupo y un informe individual de cada alumno. Los grupos grandes se procesan en segundo plano, así que puedes cerrar la página y volver cuando esté listo.
Puedes volver a pasar el mismo sociograma unos meses después y comparar: el grupo cambia, y su mapa también.
Al crear la aplicación eliges el CRITERIO: el contexto en el que cada alumno elige o rechaza a sus compañeros. Las preguntas que responden los alumnos y el informe se adaptan al criterio que elijas.
Un único diagrama enmarañado con todas las flechas dentro no explica nada. Por eso la plataforma dibuja la red ocho veces, y cada dibujo responde a una pregunta distinta sobre el grupo.
Los vínculos más fuertes: los compañeros que cada alumno nombra ANTES que a nadie. Es el grafo donde asoma el liderazgo real del grupo, que no siempre coincide con la voz más alta del aula.
El círculo amplio de afinidad: amistades que existen pero que no son la primera opción de nadie. Son los puentes que sostienen al grupo y evitan que se rompa en camarillas cerradas.
Las tensiones más claras. Estas flechas son las que con más frecuencia acaban en un incidente en el patio, y son lo primero que hay que mirar cuando un grupo, sencillamente, no funciona.
Rechazos más leves. Por separado cada uno significa poco; todos acumulados sobre el mismo alumno señalan a alguien a quien se está apartando poco a poco.
La amistad tal cual es: yo te elijo y tú me eliges. Estas parejas son el esqueleto del grupo, en las que puedes apoyarte cuando hay que recomponer un equipo.
Dos alumnos que se rechazan mutuamente. Suele haber muy pocos, y explican una parte sorprendente de todo lo que pasa en el aula.
Los dos grafos anteriores dibujados sobre la misma imagen: las amistades mutuas en azul y los rechazos mutuos en rojo. Es el balance del grupo —dónde se sostienen los vínculos y dónde se rompen— y la forma más rápida de ver si las buenas relaciones superan a las malas.
Un alumno elige a otro que, a su vez, le rechaza. Cada línea lleva una punta azul señalando a quien es elegido y una roja señalando a quien es rechazado: la misma relación leída en sentidos opuestos por las dos personas que están en ella. Es la posición más incómoda de la clase y la más difícil de ver desde fuera, porque no se nota en nada: el alumno sigue sentándose junto a alguien que no le quiere ahí. Solo se dibujan las más fuertes: primeras y segundas opciones por ambos lados.
Los ocho grafos se dibujan con un algoritmo de Fruchterman-Reingold y una proyección de Northway: los alumnos más elegidos acaban en el centro de la imagen y los aislados en el anillo exterior, de modo que la posición de un nodo ya te dice algo antes de leer una sola cifra. El color de cada nodo indica el sexo del alumno, lo que hace visibles de un vistazo las camarillas por sexo, y cada flecha va del alumno que elige al alumno elegido.
Antes de mirar a ningún alumno concreto, el informe te dice cómo está el grupo como grupo.
El informe lista a todos los alumnos con sus indicadores sociométricos uno al lado del otro (elecciones y rechazos recibidos y emitidos, percepciones, oposiciones, reciprocidades) y pone una etiqueta junto a aquellos a los que la estadística señala: popular, rechazado, controvertido o ignorado.
Es la forma más rápida de saber dónde mirar. Desde cada fila se abre el informe individual de ese alumno.
De cada alumno la plataforma calcula unos veinte indicadores, agrupados en cinco bloques que responden a cinco preguntas distintas:
Los mismos números, vistos como un mapa. El alumno se sitúa en el centro y cada compañero se coloca en uno de cuatro anillos concéntricos según la afinidad entre ambos: el anillo más interno recoge los vínculos más fuertes, y el exterior a los compañeros de los que le separa una distancia social clara.
Pon el mapa de un alumno popular junto al de uno rechazado y la explicación ya está ahí: el primero tiene al grupo cerca; el segundo, lejos y en el anillo exterior. Los compañeros sin relación medible en ninguna dirección se dejan fuera, para que el mapa siga siendo legible.
Nadie es popular por acumular muchas elecciones en términos absolutos: seis elecciones en una clase de treinta no son lo mismo que seis en una clase de doce. La plataforma compara a cada alumno con lo que sería ESPERABLE en un grupo de ese tamaño con ese número de elecciones, y sólo colorea el indicador cuando la diferencia es estadísticamente significativa con una confianza del 95 %.
El diagrama de estatus muestra los ocho indicadores básicos como ocho octantes: azul cuando el valor es significativamente alto, rojo cuando es significativamente bajo y blanco cuando el alumno está dentro del rango esperable. El encabezado del diagrama indica el perfil resultante.
A partir de esos umbrales de significación, la plataforma señala cuatro perfiles. No son etiquetas pegadas a un niño: describen la posición que el grupo le ha dado a ese alumno, y una posición puede cambiar.
Recibe significativamente más elecciones de las esperables, sin un número inusual de rechazos. Su mapa muestra al grupo cerca. Son los alumnos más fáciles de ver y para los que un profesor no necesita ayuda ninguna.
Recibe significativamente más rechazos de los esperables. El grupo tiene una opinión sobre este alumno, y es negativa. Se ve, duele y suele generar incidentes, que es justo por lo que acaba recibiendo atención.
No recibe ni elecciones ni rechazos: significativamente pocos de ambos. Nadie nombra a este alumno, en ningún sentido. No da problemas, no se queja y atraviesa el curso entero siendo invisible. Este es el perfil que justifica pasar un sociograma: un alumno rechazado acaba en tu despacho; uno ignorado, nunca.
Recibe a la vez significativamente muchas elecciones Y significativamente muchos rechazos. El grupo está dividido sobre este alumno: tiene a los suyos y tiene sus conflictos. No es un término medio entre popular y rechazado: es un perfil propio.
La mayoría de la clase no tendrá ningún perfil, y es exactamente lo que debe ocurrir: significa que esos alumnos están dentro del rango esperable. No etiquetar es también información.
Un sociograma es, por definición, un dato sensible sobre menores: a quién se rechaza y quién lo hace. Por eso los alumnos lo realizan sin cuenta, sin correo y sin contraseña; por eso sus apellidos se guardan y se muestran sólo con las iniciales; por eso los datos personales de la plataforma se cifran campo a campo; y por eso cerrar tu cuenta los borra de verdad.
Los grafos y los informes de esta página proceden de un grupo FICTICIO, generado a propósito para ilustrarla. Ningún alumno real ha aparecido nunca en una página pública de este sitio, ni aparecerá.
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Crear una cuenta es gratis y lleva un minuto. El sociograma ya está ahí, esperando: cópialo, asígnalo a tu grupo y lee el informe. Si prefieres ver antes el detalle de cada pantalla, el manual de usuario explica todo el proceso paso a paso.
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